Fitness y salud.

La Caja utiliza tres estándares para evaluar y guiar el fitness.

El primero se basa en las diez habilidades físicas generales reconocidas: resistencia cardiovascular y respiratoria, resistencia muscular localizada (stamina), fuerza, flexibilidad, potencia, coordinación, agilidad, equilibrio y precisión. La persona está en forma según lo apto que esté en estas diez habilidades. Un régimen de ejercicios desarrolla el fitness al punto en que mejora cada una de estas diez habilidades.

El segundo se basa en el rendimiento en las tareas de atletismo. La esencia de este modelo reside en que el fitness define un buen rendimiento en todas y cada una de las tareas que se puedan imaginar, incluso las desconocidas y aquellas que se combinan en múltiples opciones.

El tercero se basa en los sistemas de energía que impulsan la acción humana. Existen tres vías metabólicas de producción de energía: la vía fosfagénica, la vía glucolítica y la vía oxidativa. El fitness que promovemos requiere de competencia y de entrenamiento en cada una de estas tres vías o motores.

El aspecto más interesante que observamos con respecto al fitness es la distinción del contínuo: Enfermedad—Bienestar—Fitness. Si todo lo que se puede medir sobre la salud se adaptara a este contínuo, entonces pareciera que la enfermedad, el bienestar y el fitness son diferentes medidas de una única cualidad: la salud. La salud se puede definir como la mayor capacidad de trabajo a lo largo del tiempo, la modalidad y la edad. La capacidad de trabajo es la habilidad de mover grandes cargas, a largas distancias, rápidamente (potencia); el fitness es dicha capacidad en la mayor cantidad de dominios posibles. La habilidad de mantener dicho fitness a lo largo de la vida es una medida de definición de salud. El fitness es pues un estado de supersalud o superbienestar mantenido.

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